24 de maig de 2013

Aquel día en Getaria...

La entrada del presente post bien podría titularse "Rodaballo: un antes y un después". Esta es la historia de tres amigos, una reserva en el Restaurante Elkano, en Getaria, y una cita ineludible con lo que un servidor cree, el mejor rodaballo a la brasa que jamás haya probado. En fin.

Vista de la bodega Txomín Etxaniz, Getaria.
Llegamos a Getaria por Meaga, cruzando las montañas que separan Zarautz de Getaria. El paisaje era impresionante: el verde inundaba hasta el último rincón donde se quisiera mirar. Hicimos un alto en la bodega Txomin Etxaniz, donde el propietario hizo de cicerone y nos acompañó durante la visita y la cata. El trato fue excelente, la conversación muy amena y el txakoli de la casa, acompañado de las anchoas caseras, estupendo como siempre. Al salir, cruzamos un sinfín de viñedos alzados en pérgola y nos incorporamos a la sinuosa carretera que nos llevaría a Getaria. Llegamos con media hora de antelación y nos dio tiempo para seguir de poteo con el txakoli. Esa acidez tan marcada, acabaría por hacernos entrar un hambre voraz.

Getaria vista desde el Alto de Garate.
A la hora en punto de nuestra mesa nos presentamos allí. Los maestros de ceremonias, la familia Arregi, llevan el timón de Elkano siempre viento en popa. Empezamos con un entrante de boquerón marinado con granada y seguimos con el calamar a la plancha y las gambas blancas de Huelva (esta vez sin la interpretación de Curro), para terminar con el plato estrella del restaurante: el rodaballo a la brasa (una pieza de casi 2 kgs. entre los tres). Luego seguirían los postres: unos quesos del país, con un ideazábal de primera acompañado de membrillo casero y unas torrijas caramelizadas (hechas con el pan que se ve en la foto) con espuma de canela y nueces...inefable.

Como no teníamos prisa alguna por volver pronto, nos tomamos todo con mucha calma y cayeron un par de botellas de vino blanco. Empezamos los entrantes con un Náiades fermentado en barrica, más bien ostentoso y pesado. Este vino gusta bastante, aunque siempre se le apodera demasiado la madera. Y seguimos con una recomendación de Aitor Arregi, un Albariño Do Ferreiro Cepas Vellas, mucho más fresco, dócil y adecuado a una carta tan esmerada como esta. Y ya que estamos, por lo que respecta a la carta de vinos, muy correcta, a pesar de no ser larga, con representaciones más que reseñables de varios países.

En definitiva, una comida fantástica, un servicio muy atento y una compañía inmejorable. Mantelería, cubertería y copas muy correctas. Sobre todas estas cosas cabe reseñar el Rodaballo a la brasa, con esa salsa tan especial que sólo allí te puedes comer. Este fue el centro de atención de tres pobres infelices, que no sabían en realidad qué sabor tenía el rodaballo hasta llegar a aquel templo.
Copa, calma y unas risas coronaron el ágape, un año más. Después de tres años consecutivos visitando Elkano, auguro una cuarta visita, seguro.


Eskerrik asko y salud!


Pd: un abrazo muy fuerte para Charly y Curro. Sin vosotros no hubiera sido lo mismo.