30 de maig de 2013

Lo mejor de Valdespino siempre viene en frasco pequeño.

De camino a Cádiz, hicimos parada y fonda en Jerez y no pudimos pasar por alto esta visita indispensable para todo aquel que ame los vinos del Marco. De una tacada pudimos visitar Marqués del Real Tesoro y A.R. Valdespino, compradas por el Grupo Estévez hace unos años y trasladadas ambas, desde el casco antiguo de la ciudad a las afueras, en unas nuevas dependencias muy bien acondicionadas que el Grupo tiene allí. Un trabajo titánico por su volumen, sin duda.

Esta inmensa bodega es un templo donde concurren, en mi opinión, algunos de los mejores vinos del Marco: el fino Inocente, el amontillado Tio Mateo, el palo cortado VORS Cardenal, y así un largo etcétera. Pero hoy nos centraremos en esta joya de la corona que es el Moscatel Toneles de A.R. Valdespino que adquirimos en la bodega, una fuente paladeable de inmenso placer.
Jamás, y lo digo con todas las letras...j-a-m-á-s he probado un moscatel como este. Un vino extraordinario, se mire por donde se mire. Si no es el mejor moscatel que se ha hecho en el Marco, muy pocos habrá que estén a la misma altura. He catado unos cuantos, muy viejos todos, y nada es comparable a este vinazo asoleao. Un siglo de solera, plus minus, lo avalan.

Mi pregunta durante la cata fue, ¿cómo es posible esta acidez en un vino de casi 100 años? Y, ¿es posible que un moscatel con tanta solera sea tan fresco? Para ambas preguntas una sola respuesta: rotundamente, sí. A simple vista, como se puede apreciar en la foto, parece como si hubiera caído "Betadine" en la copa. Es la densidad de un vino trabajado por el tiempo, que absorbe la sabiduría de las botas en que reposa.
En nariz resulta sorprendente: aromas a cuero mojado, dátiles calientes y escabeche con un punto salino. Pero la boca...no tiene parangón. La acidez y la frescura se entrelazan con las pasas tiernas, la naranja escarchada o el cacao, en una profundidad abismal. En este caso ha sido el vino quien ha esculpido la madera, tan diluida ya por el tiempo. A pesar de su densidad, está a años luz de resultar empalagoso o pesado. ¡Qué gran solera! ¡Qué gran vino! Tengo otros moscateles viejos de la misma bodega y prometo catar y comparar en futuros posts, aunque el listón está muy muy alto. Este vino nada tiene que envidiar a cualquiera de los mejores grand cru del mundo porque está a la misma altura. Un regalo para el paladar. Un recuerdo para siempre.

Tal vez el único handicap de esta joya sea su precio, sobre los 100€ la botella de 37,5 cl. pero una ocasión es una ocasión, y que me quiten lo bailao. Es una lástima que, fuera de Andalucía, en el resto del país, estos vinos generosos no tengan una amplia aceptación. Son vinos que necesitan comprensión, simplemente, y no buscar meras comparaciones con otros vinos que se consumen más a menudo como los tintos. Esta marcada diferencia los hace únicos y distinguidos. Y esto es lo que deberíamos apreciar.

A más ver...y catar.


Salud!