8 de desembre del 2015

Hostal 2012: historia de una expresión.


El Hostal es una parcela de cariñenas viejas que mira hacia el norte y está ubicada en una zona privilegiada para la viña, resguardada de las excesivas insolaciones estivales que compensa con esa inclinación hacia tramontana. Unas cariñenas que, trabajadas en biodinámica, crecen rodeadas de árboles. De este lieu-dit, apenas salen tres barricas cada vendimia que, después de una crianza de 36 meses, reposarán un mínimo de un año en botella, antes de ver la luz.
 
La primera vez que probamos el Hostal 2012, el vino llevaba unos 20 meses en barrica y directamente de allí hicimos la cata. A priori, en copa, aparece una ligera reducción fruto del encierro que todavía se prolongaría 16 meses más. Acto seguido, se abre paso toda una batería de aromas: encurtidos, un punto de salsa de soja y tapenade negra muy suave, entre otros. En boca no impresiona menos: equilibrio, profundidad y frescura a espuertas en un paso de boca que es pura verticalidad, y que augura mucha, mucha vida por delante. A copa vacía es rooibos puro, una virguería del proceso de crianza. 

La segunda vez que lo probamos, recién embotellado, la evolución sólo hizo que corroborar nuestras expectativas. A duras penas decantado, y a la vez que se iba abriendo, ya dejaba intuir lo que esperábamos: ese punto de salsa de soja que seguía ahí, tabaco rubio desmenuzado y una crianza muy integrada, sin ninguna de las estridencias a las que nos tienen acostumbrados los vinos ahogados en madera que, desgraciadamente, tanto se producen en este país y que aún hoy se erigen como estandartes de la tradición. Justo en el polo opuesto de la estridencia, se encuentran los Anguera con este vino de pago, con el que vuelven a dar una vuelta de tuerca más en la búsqueda de la expresión de la tierra, de lo primigenio, del trabajo minucioso y paciente del artesano.

Un vino nuevo pero con historia, que parte de un meticuloso trabajo de la tierra y del respeto al tiempo, pero por encima de todo, un vino que es artesanalidad y que encierra una larga tradición familiar. Un vino que necesitábamos la gente del vino. Al tiempo. 

Salud!

18 de setembre del 2014

Confuron-Cotetidot: Borgoña en esencia.


Hace ya unas semanas, tuvimos la oportunidad de visitar la Borgoña y a algunos de los vignerons más reseñables dentro del mundillo del vino. De todos los que visitamos: Mugnier, Jobard, Rousseau, Confuron Cotetidot, Regis Rossignol o Derain, entre otros, comentaremos aquellos que nos resultaron más carismáticos (y mejores) en nuestra humilde opinión. En esta primera parte le toca el turno a Yves Confuron, un mago del savoir faire con la pinot y un enorme anfitrión para sus invitados.
No sólo pudimos probar prácticamente todos los vinos que elabora en su bodega de Vosne Romanee (incluidos el Echézeaux, Les Suchots o  su impresionante Mazis), también nos invitó a cenar en su casa donde, de cuando en cuando, desaparecía para acto seguido regresar con alguna botella sin etiquetar. Y qué botellas! Todas gustaron mucho, era imposible quedar indeferente ante semejantes obras de arte.
Los vinos de Yves, catados directamente de la barrica, tienen un ataque bestial, que a priori no deja indiferente a nadie. Tal vez esté relacionado con las largas maceraciones, sin despalillar, que practica, llegando hasta los 30 días, incluso más en alguna ocasión. La uva no se despalilla, sencillamente, porque el domaine carece de despalilladora(y tampoco tienen ningún interés en tenerla, claro está).
En fin, esa sensación "indomable" que ofrece la barrica desaparece completamente cuando se prueba de la botella a su debido tiempo. Fue tal la diferencia que todos nos quedamos impresionados con los vinos que fuimos catando durante la cena. Y con la cena que nos preparó el anfitrión, tremenda. La primera de las botellas que Yves bajó a buscar fue un Gevrey Chambertin 2007 que estaba fino fino, a pedir de boca. Pudimos compararlo, acto seguido, con otro Gevrey Chambertin 1996, corroborando que los años no hacen más que pulirlos al detalle. Si pensábamos, desconcertados, que aquellos vinos indomables de la barrica se habían convertido en un ensamblaje perfecto en la botella, nos quedamos muy cortos cuando vimos aparecer a nuestro anfitrión con otro Gevrey, esta vez de la añada mítica de 1990. Y tan mítica. Qué nervio, qué juventud, qué todo! No podíamos hacer otra cosa más que alucinar con lo que probamos. Cerró la cena con otro Gevrey Chambertin 1er Cru Petite-Chapelle 2008, que nos dejó también boquiabiertos. Acidez, verticalidad y profundidad son la trinidad que define su trabajo, sus vinos. Una experiencia y una oportunidad increíble, probar, conversar y escuchar las explicaciones de Yves Confuron. 

Santé!

Pd: la cena no hubiera sido una genialidad sin la compañía, gracias a Joan y Josep Anguera, a Carme Garcia y a Joan València. Sou uns cracks nois!

29 de maig del 2014

Fonseca Vintage 1934


Quinta do Cruzeiro, el corazón de Fonseca. Photo: web
Muy pocas son las ocasiones en que se puede probar un vino tan especial como este: Fonseca Vintage 1934. Después de haberlo guardado con celo y bien conservado durante un par de años, llegó su momento. Y qué momento!
Como en todos los viejos vintage de las grandes casas, sólo el respeto a la edad ya merece un trato ceremonial: decantador, embudo filtrador, tenazas para degollar la botella, pincel con agua fría y listo. En fin, a lo que íbamos, Fonseca es, seguramente, "la bodega" o una de las tres o cuatro bodegas de referencia de Oporto (junto a Quinta do Noval, Taylor o Dow´s) a nivel de calidad, en mi opinión. Todo un referente para los amantes del mejor Porto. Sus vinos tienen fama de ser potentes, muy aromáticos y bastante tánicos. Este Vintage de 1934 no sería una excepción.
Lo que más nos impresionó de este vintage octogenario fue su intensidad; puede parecer un tanto contradictorio que un vino tan añejo, en lugar de ir perdiendo sus propiedades con el paso del tiempo, las haya conservado tan bien. Ochenta años después, sigue siendo un vinazo estructurado, opulento, con su punto de tanicidad marcado y un extenso bouquet aromático que abarca tanto avellanas como dátiles calientes o caramelo sobre todo un conjunto de aromas derivados de la crianza y el reposo. En boca conserva esa espectacular acidez que da fama a los vintage de la bodega, incluso en los años cálidos. Es un vino complejo, que mantiene un equilibrio impresionante a pesar de las décadas que lleva a cuestas. Una armonía inolvidable que invita a la meditación y el disfrute. Un vinazo de esos que sólo bebes una vez en la vida.

Salud!

4 de maig del 2014

Medium Dry de Ximénez-Spinola: savoir faire jerezano.

Ya hemos comentado en anteriores posts, aquí y aquí, el mimo y detalle con el que trabajan su PX en Ximénez-Spínola para producir algunos de los mejores vinos del Marco, y siempre con la calidad como estandarte. Pues bien, hace un par de meses tuvimos la oportunidad de acercarnos a visitar la bodega (que ya iba siendo hora), situada nada más y nada menos que en el corazón del Pago de Balbaína, tierra de albariza pura, y comprobar in situ el savoir faire que caracteriza sus vinos y brandys. Estos últimos de limitadísima producción y delineadas y finas holandas. 

Angelines, Laura y Jose Antonio nos enseñaron las nuevas dependencias, mucho más adecuadas y amplias para el trabajo que las del centro de Jerez, que siguen conservando como buenos almacenistas tradicionales que son. Nosotros encantados. Volvimos a catar todos sus vinos y probamos por primera vez el nuevo proyecto que ya venía gestándose desde hacía un tiempo: su Old Harvest Medium Dry.
En general, la inmensa mayoría de mediums que encontramos en el mercado suelen ser unos caldos empalagosos con más o menos gracia, diseñados para satisfacer la creciente demanda de este tipo de vino en el mercado anglosajón. Nada más alejado de esta realidad está el Old Harvest Medium Dry de Ximénez-Spínola.
Para conseguir este vino tan genuino, se han cabeceado dos vinos extraordinarios: un oloroso muy viejo de PX, con una solera de 1918 y un PX dulce muy viejo de 1948. Partiendo de una base tan fantástica, el resultado que se auguraba no lo podía ser menos. Tuvimos la oportunidad de poder catar estas maravillas por separado, y era de esperar que el resultado fuera un medium no menos extraordinario.
Visualmente es de un ámbar nítido impresionante. En nariz resaltan los recuerdos de la crianza, acetaldehídos, toffee, avellanas, nueces y caramelo. En boca es una promesa cumplida: una acidez vibrante, un paso suave e intenso y un postgusto a manzana al horno para el recuerdo. Otra genialidad de esta casa.

Es curioso que en ninguna de las andanas encontremos la típica bota jerezana de 500 litros, todas son de 225. Esto tiene una explicación muy clara, si una bota de 500 se estropea, la pérdida es el doble que si lo hace una de 225, obvio. En bodegas que mueven mucho volumen, no tiene gran importancia, pero en Ximénez-Spínola, con una más que ajustada producción para ofrecer una altísima calidad, prefieren no correr riesgos innecesarios, algo más que razonable. Ya se sabe que la esencia de algo bueno siempre viene en frasco pequeño. En este caso 50 cl. de dulce alquimia.


Salud!

PS: No quisiera cerrar el post sin agradecer a Angelines, Laura y Jose Antonio su extraordinaria hospitalidad. Pasamos una tarde inolvidable. Gracias.

20 d’abril del 2014

Viñedos de vértigo en los altos de Getaria.

La cuna del txakoli vista desde lo alto del Gárate.
Porque una imagen vale más que mil palabras...

3 d’abril del 2014

Rayas 1999: el mito que cerró el siglo.

Siempre que nos reunimos procuramos aportar matices diferentes en nuestras catas, por eso las pocas que organizamos al año suelen estar representadas por vinos de toda índole y lugares. Lo que viene a ser una cata heterogénea y poco ortodoxa. No obstante, tenemos la oportunidad de probar vinos extraordinarios que sólo en estas ocasiones podemos compartir. Esta fue la suerte de este, ya mítico, Chateau Rayas 1999, un vino que no pasó desapercibido, ni mucho menos defraudó. En la cata probamos otras genialidades como La Grande Côte de Pascal Cotat o el Veruzza de Guccione entre muchos otros, pero hoy sólo hablaremos de Rayas.

Siguiendo el hilo del último post vinícola, vamos de garnacha en garnacha, lo cual viene a demostrar que es una de nuestras variedades predilectas. En España, muy al contrario de lo que la gente piensa, es la garnacha la variedad más plantada y no la tempranillo.
La manera de trabajar y vinificar esta variedad, ha dejado mucho que desear aquí, salvo contadas excepciones como unos pocos Montsants, algún vino de Méntrida y otros poquísimos Priorats. La manía o perversión globalizada de extraer y extraer, macerando en frío durante semanas, hasta que la garnacha adquiere un color zaíno, muy lejos de su original rubí, ha hecho que un varietal que es todo bouquet se convierta en tinta china con aromas a compota de ciruela. Menos mal que en el Ródano y alrededores todavía quedan viticultores sensatos que hacen de la garnacha un arte. Para más señas, Rayas. Sin hacer de menos a Henri Bonneau o los Perrin, claro.

Rayas tiene ese efecto magnético...una vez catado, no puedes quitártelo de la cabeza. En fin, a lo que estamos, visualmente predomina el color teja, con una capa muy baja fruto de la evolución del rubí original de la garnacha. En nariz, flor de almendro, miel, cereza roja, y un fondo ligeramente mentolado, fantásticos. En boca, se nota la evolución sobre una acidez muy fresca que hace imperceptible los 14% de alcohol. Armonía, elegancia y equilibrio. La madera brilla por su ausencia, será por la edad de las barricas y fudres, que se pierde en el principio de los tiempos. Y todo esto, a pesar de estar unos 16 meses en madera, antes de convertirse en la joya que es.

Los Reynaud, con todas sus excentricidades (son archifamosos por ello), trabajan como nadie la garnacha a través de sus poco más de 13 hectáreas, divididas en tres parcelas principalmente: Le Coeur, Le Levant y Le Couchant. En una ocasión preguntaron al Sr. Reynaud si utilizaba algo de barrica nueva en la elaboración, a lo que respondió: "por qué haría eso, yo me dedico a hacer vino". Esto resulta muy ilustrativo sobre la filosofía de los Reynaud. En Rayas no se utiliza nada de inoxidable, los rendimientos son muy muy bajos (15-20 hl/Ha) respecto al resto de Chateauneuf, podan corto, utilizan madera muy muy vieja y las uvas, con raspón, fermentan sin ningún control de temperatura en depósitos de cemento. Al no controlar la temperatura, las fermentaciones se hacen relativamente cortas. Luego todo pasa a las diferentes barricas y fudres.
Interior de Rayas.  Photo: Michael Davis.
Los posteriores ensamblajes entre las diferentes parcelas del chateau, vinificadas por separado, dan como resultado este impresionante crisol de aromas que es Rayas. Emmanuel Reynaud hace las veces de enólogo y alquimista, combinando cada año las delicadas garnachas de Le Coeur, con las terrosas de Le Levant y la calidez de Le Couchant, para dar forma a este mito que ha encumbrado a la garnacha a lo más alto, demostrando a la crítica más rancia que es un vino con capacidad para envejecer guardando armonía y equilibrio. Si tuviera que maridarlo, aunque Rayas es para beberlo solo (que no a solas), lo haría con este inolvidable tema de Monk y Coltrane juntos...pura viveza y armonía.

Salud!


Pd: un abrazo a Joan y Josep, grandísimos y avezados catadores con quien siempre puedo compartir los entresijos del vino. Que no son pocos!

16 de març del 2014

Rodaballo a la brasa o el pescado que inventó Pedro Arregi.

Restaurante Elkano, en Getaria.
Ante todo queremos, desde Les Foes, rendir nuestro pequeño homenaje a un grande de la cocina en Euskal Herria, Pedro Arregi, recientemente fallecido. Y por supuesto nuestras condolencias a Aitor Arregi y su familia. La cocina pierde a un grande pero podemos estar tranquilos porque la saga continúa con Aitor, otro grande (un casta, como diría David de Jorge) y digno sucesor de su padre. 
Ya hemos hablado en alguna ocasión de Elkano, todo una referencia en producto y un templo para los que nos fascina el rodaballo. En mi caso, como ya dije en su día, comer rodaballo en Elkano cambió mi percepción sobre comer pescado. Llegué a pensar incluso que me habían estado engañando durante los últimos 34 años! Lo sé, puede parecer exagerado, pero cuando llegas a este templo y pruebas de lo bueno lo mejor y más fresco, toda experiencia culinaria anterior en lo que a pescado se refiere, cambia.
Interior de Elkano.
En las cuatro veces que hemos estado en Elkano, nada nos ha indicado que no vayamos a volver: un servicio atentísimo, un ambiente relajado, muy cómodo y tranquilo, un personal siempre dispuesto a explicarte los pormenores de lo que estás comiendo, copas, mantelería y cubertería muy correctas, y así un largo etcétera. En esto de las explicaciones, tanto Pedro Arregi como su hijo Aitor siempre han salido al quite del cliente para comentarle cómo se puede aprovechar por completo el pescado y no dejar ni pizca (las fotos dan buena muestra de ello). Esta es una de las cosas por las que siempre volvemos, la cercanía en el trato.

Del mar a la brasa.
Llegamos a Getaria después de visitar la bodega Ameztoi, donde hacen uno de los mejores y más particulares txakolís que habré probado, el Primus, en honor al primer marino en dar la vuelta al mundo, Elcano, por supuesto. Los pormenores de la visita los comentaremos en otra ocasión. A lo que íbamos, llegamos a Elkano y nos sentaron en la parte alta, en esa proa magnífica del restaurante que mira hacia Zumaia. Enseguida nos atendieron y para seguir con lo que habíamos probado, decidimos tomar un Txomín Etxaniz  mientras decidíamos qué iba a ser de comer. La escasa intervención sobre el fresquísimo producto y la sencillez son las señas principales del restaurante. Este es uno de los motivos fundamentales, si no el principal, por el que peregrinamos todos los años 600 kms. desde Castelló,  a casa de los Arregi. En fin, al caso...
 Al margen de la carta, con unos anfitriones tan buenos, siempre te dejas llevar y las recomendaciones tanto de Aitor como de su padre, jamás han fallado. Eso sí, para nosotros, las recomendaciones acompañan siempre al plato central: el rodaballo. Y qué mejor para explicar una comida que el testimonio mismo de lo que allí se cuece, y cuecen, a través de fotografías. En primer lugar nos sacaron un entrante y algunas cosas para compartir, todas fantásticas, pero en especial las kokotxas de merluza a la brasa. Hay que ser muy artista para brasear kokotxas, un bocado tan delicado y que al servirlas estén tan jugosas. Muy artista. Un recuerdo indeleble para el paladar.
Los entrantes.
Acto seguido apareció nuestro cuarto invitado: el rodaballo. Pieza de 1,8 kgs que quitaba el hipo sólo con verla. Como cualquier gourmet que haya probado un plato que año tras año desea repetir dimos buena cuenta de nuestro invitado, constatando de nuevo que el nivel de frescura y calidad siguen siendo el estandarte de esta casa. Aitor, hizo hincapié en que no dejáramos de probar los márgenes de los lomos, donde estan las crestas de espinas, que una vez braseadas sueltan esa delicadísima gelatina que encumbra este pescado a lo más alto. También en el cogote del pescado, un bocado muy fino y sabroso. Al final, como se observa, no dejamos nada de nuestro cuarto comensal. No podemos dejar de recomendarlo, un año tras otro. Nosotros nos lo recomendamos una temporada tras otra. ¿Qué mejor prueba de fe?
El Rodaballo.
Para rematar este fasto pantagruélico llegaron los postres de la casa. Primero unos quesos del país con nueces y membrillo casero, fantásticos. Por si fuera poco y aunque empezábamos a estar servidos, Aitor nos recomendó que probáramos unas estupendas cerezas a la brasa con helado. No pudimos, ni quisimos decir que no. Impresionante, fusión de ácido y dulzor.

Esto último dejó la puerta abierta a los cafés y a unos estupendos orujos que asentarían toda esta síntesis de felicidad y calorías. Nos reiteramos hasta la saciedad pero es que...no podemos dejar de recomendarlo.

Y este ha sido nuestro pequeño homenaje al maestro Pedro Arregi, cuyo legado continúa tan firme con Aitor como lo era con él. Descanse en paz.

Este viernes pasado David de Jorge también dedicó su programa a Pedro Arregi, cocinando precisamente un rodaballo con salsa holandesa. Os dejamos el enlace al programa. Salud!

Roger
 

PD: Este post está dedicado especialmente a Charli y Curro, gourmets excepcionales, y a Juanito y Laia, que tantas ganas tienen de poder visitar Elkano. Un abracete a todos.

7 de febrer del 2014

Joan d'Anguera jove: las cosas claras.

Este pasado verano, estando en Sicilia visitando la Azienda Cos, mantuvimos una acalorada charla (y lo digo por el calor, era julio) con Joanna, de la Azienda,  sobre los vinos franceses. Mientras comíamos, íbamos desgranando el por qué de la fama, la distinción y el concepto de terroir o terruño que ellos tienen. Joanna sostenía que ellos, los franceses, les llevaban 800 años de ventaja (a los italianos), y que sólo había que mirar hacia la Borgoña. Curiosamente le respondí que pensaba lo mismo y que en nuestro caso, el vino español, no sólo estaba a 800 años del francés, a muchos niveles (cultura, respeto a la tierra, elaboración,...), sino que también los italianos nos sacaban unos cuantos años más. La cosa fue a más, pero lo dejaremos aquí.
En resumidas cuentas, estamos lejos de los italianos y en otra galaxia respecto a los franceses. Ese es mi humilde parecer. Eso del concepto de terroir no lo tenemos claro y menos la idea de elaborar algo en sintonía con el terroir. Somos más de cantidad en detrimento de la calidad. Por desgracia.

Toda esta perorata tiene su por qué. El lector se preguntará: ¿Qué tiene que ver todo esto con un vino joven? Todo. Este vino joven tiene ya muchos años de historia y lleva consigo, no sólo la responsabilidad de mantener su nivel de calidad añada tras añada, sino la de mejorar a través del tiempo. Ya comentamos aquí, la filosofía de trabajo de Joan d´Anguera y el mimo con el que cuidan la tierra, y cómo todo ello confiere a su granatxa un algo especial. Ese "algo" es la diferencia, la esencia de un cambio, de unos principios y una apuesta personal por mejorar, por desmarcarse ofreciendo lo mejor de sí mismos al cliente a través de su vino. 

Es la primera vez que hablo sobre el vino joven de Joan d´Anguera, y si hasta el momento no lo había hecho, es precisamente porque ha sido ahora cuando este vino ha dado el salto. El vino más humilde de los Anguera representa la base de sus principios, de su savoir faire, de su trabajo al fin y al cabo. Es el paradigma y la esencia de todos sus vinos, unos vinos que sin duda han vuelto a nacer. Los magníficos vinos que la bodega venía haciendo no han perdido un ápice de aquello que los caracterizaba, pero ahora son más precisos, sin aquella potencia ni tanto alcohol, mejor delineados y llenos de aromas a flores y fruta roja. Todo esto esta representado en este humilde vino joven, que es la antesala de lo que está por llegar, auténticas joyas para el paladar. 

Elegir un camino, siempre implica renunciar a otro. Los Anguera lo tenían bien claro. Por desgracia en un país como el nuestro, tan falto de estímulo cultural y humildad personal, a la gente a menudo se le hace complicado salir de aquello que tenían tan bien trazado y no son capaces de discernir que aquello que era bueno, ahora es mejor y más sutil. Es triste que la gente, de forma generalizada, confunda potencia con intensidad o falta de color con algo insustancial. Nada más alejado de la realidad.

Desde que ha salido al mercado, me gusta abrir este vino con mis amigos, alguno de ellos catador avezado, y ver qué les parece, sus reacciones a simple vista. Se sorprenden al ver que el color ha cambiado, se ha hecho más claro. Esto es normal en un vino joven de garnacha, la variedad tiene muy poco color. No es normal, ni natural, un vino de garnacha con una capa alta o casi opaco. No imagino a Rayas con un color casi negro como el de la mayoría de las garnachas de nuestro país; o una pinot noir borgoñona del mismo estilo. Aquí en el joven, las maceraciones largas a baja temperatura han desaparecido. Un joven tiene que ser perfumado, fresco y fugaz (cuando la botella cae en un visto y no visto). La sorpresa sigue en nariz, y aquí vienen los sutiles matices de un trabajo bien perfilado, la fruta negra madura se ha convertido en fruta roja, cereza, fresa ácida y flores como el hibisco que completan un nuevo bouquet.
En boca, los que lo han probado en años anteriores descubren que aquel estupendo ataque que tenía sigue ahí, pero ahora viene acompañado de una acidez vibrante cargada de intensidad y un postgusto que invita a otra copa siempre. Así es como, en mi opinión, debería ser un vino joven: sutil y fugaz.

La estandarización del vino a nivel mundial, a través de las corrientes de opinión creadas por algunos críticos, han desvirtuado las características de muchas variedades que se han prostituido para ofrecer un vino al consumidor como el que se vende en el mercado generalizado. Vinos sin alma y llenos de imposturas. Hay que volver a la expresión varietal y a la relación de esta con su terruño. El elaborador no puede hacer vinos que realmente no le gusten, o conformarse con el estándard actual. Joan d´Anguera ha apostado por volver a la tierra, donde todo empieza y sus vinos son un fiel reflejo de este cambio que, aunque perezosamente, ya se empieza a sentir tímidamente en nuestro país. 

Casi se me olvida, con tanto rollo, decir que es un vino ideal para picar con cualquier cosa, o con un arroz de verduritas de temporada. Tremendo.

Salud!

22 de desembre del 2013

Cream Sandeman: un generoso placer.

Hay algunas ocasiones en las que tienes la oportunidad de probar vinos muy especiales y en muchos aspectos únicos. Este fue uno de esos momentos.
El cream es lo que se conoce como un vino generoso de licor. Este es el resultado del cabeceo o la mezcla de un generoso seco con otro generoso dulce. Ese dulzor, junto con una graduación de entre 17° y 22° le confieren untuosidad o cremosidad, de ahí su nombre. El cream se produce a partir de un oloroso que, por lo general, se mezcla con un vino dulce de pedro ximénez. El presente, dio mucho que hablar.

Color entre ámbar y caoba, mostrando cierta decadencia de la edad. Una vez abierto, el bouquet inunda toda la sala. Aromas de la crianza, madera vieja y finos barnices se integran con la avellana tostada y el pan de higo. Prometedor.
Este viejo cream de Sandeman, conjuga las notas típicas del oloroso en cuanto a untuosidad y tostados con la suavidad del PX: caramelo, nueces, pasas y un final para el recuerdo. El postgusto pone de manifiesto la estructura del oloroso, lo mires por donde lo mires. Un placer paladeable. Lo tomamos a 14-15º que es como mejor transmite todo su potencial. La única pena fue lo rápido que se terminó. Todo no podía ser.

Un saludo a todas y todos y feliz navidad.

Roger

11 de novembre del 2013

Fontanasanta Manzoni: las joyas blancas de Elisabetta Foradori.

Cualquier vino de Elisabetta Foradori es siempre sinónimo de calidad. El trabajo y cuidado con que mima la uva avalan un resultado fantástico. Como todo buen elaborador, trabaja con variedades locales que el tiempo le ha llevado a conocer muy muy a fondo. La teroldego del Campo Rotaliano es su uva insignia aunque desde hace algunos años también trabaja con la variedades blancas nosiolamanzoni bianco. La primera de las blancas es habitual de la zona de los lagos (Val dei Laghi) donde crece mejor que en la zona del Campo Rotaliano mientras que la segunda, siendo autóctona de la zona de Treviso y colindantes, la podemos encontrar en diversas partes del territorio italiano.
El vino que nos ocupa hoy es un reflejo de pureza y fidelidad al terroir. Desde hace más de una década que Elisabetta trabaja exclusivamente por el método biodinámico y esto ha generado entre las plantas y el suelo una armonía perfecta, una simbiosis. Para muestra este manzoni bianco.
Es un vino comedido, tarda en abrirse un poco pero cuando lo hace deja al descubierto un delicado bouquet entre flores y talco con un ápice de hierba muy muy al fondo.
En boca tiene una acidez correcta y esa untuosidad que le confieren las lías. Es fresco, muy fresco e increíblemente equilibrado. El paso de boca es fantástico, con un postgusto ligeramente cítrico. Es, en definitiva, una joya blanca, hecha con la humildad y la sabiduría que tanto caracterizan a los vinos de Elisabetta. Una elegante y pura expresión del terroir.
El único incoveniente es la dificultad de compra en España. Se puede adquirir por unos 15€ aprox.

Salud!

Roger

14 d’octubre del 2013

Vuelve Arbequina!

Buenas a todas y todos.

Cocinando a cuatro manos, a seis manos, a ocho... como en las iniciativas en las que se juntan varios cocineros, algunos conocidos y otros no tanto, ha surgido esta idea de escribir el presente artículo entre dos amigos que escriben en la red desde sus respectivos blogs: Les Foes de Roger Díaz y Buen Gusto Club Social de Juan López.

En un primer momento cuando surge la idea uno podría pensar que es algo complicado, uno escribe sobre vino principalmente y otro sobre sus experiencias en diferentes cocinas, pero cuando lo que nos une es el amigo que nos presentó, se hace todo más fácil. Este artículo a cuatro manos habla de la vuelta de Modesto Fabregat, la vuelta de su cocina en Arbequina.

Arbequina vuelve a abrir su cocina el 15 de Octubre y supone el inicio de una nueva temporada, una temporada que viene cargada de nuevas propuestas, nuevos sabores y cómo no, nuevas experiencias. Los últimos tres o cuatro meses Modesto ha estado en Escocia, partiendo su tiempo entre Edimburgo y Glasgow desarrollando un nuevo proyecto personal como asesor de un local gastronómico propiedad del grupo empresarial Rotonda en la ciudad de Glasgow, mientras ampliaba su formación en Edimburgo.

Para todos aquellos que, como nosotros, conocen cómo está el panorama gastronómico en Castellón el regreso a los fogones de Modesto es una bocanada de aire fresco. Cada temporada un nuevo reto, nuevos sabores y jornadas temáticas llenas de platos sorprendentes. Por desgracia Castellón es una plaza muy complicada; la gente, a menudo, confunde calidad con caro y económico con barato (en sentido peyorativo), así como la certeza de que un restaurante es bueno porque está de moda. Una pena. 

Las personas que comen aquí y allá donde van, se interesan y preocupan por el producto o se fijan en los detalles como cubertería, mantelería, cristalería, etcétera, son las que aprecian que en esta ciudad haya un restaurante como Arbequina. Comer es siempre algo global: con quién comemos, aquello que comemos, lo que bebemos, el entorno o la tranquilidad, entre otros aspectos. Es esto precisamente lo que algunos apreciamos siempre en la mesa de Modesto. Más de diez años al frente de los fogones de Arbequina, llenos de fantásticas jornadas de setas, pescados azules, alcachofa, caza o bacalao, lo convierten en un auténtico embajador de los productos que nuestra provincia ofrece. A todo ello cabría añadir el constante interés por renovar periódicamente la oferta en bodega, una bodega llena de referencias nacionales e internacionales, con especial decantación por los vinos alemanes (vinazos!-diríamos nosotros-). Un más que ajustado precio del vino junto con una comida de excelente calidad hacen de Arbequina una de las mejores relaciones calidad-precio que hoy en día podemos encontrar en toda la provincia. 

 
Nosotros pensamos, que un sitio donde igual puedes disfrutar de un vino biodinámico joven como el de Joan d´Anguera o de un dolcetto del Piamonte como el de Pecchenino, pasando por un vino del Mosela como el Schieferterrassen, mientras comes un tartar de atún rojo o un plato de olleta de la Plana, es un sitio donde vale la pena ir a disfrutar, aunque sea de cuando en cuando. Todo este trabajo y mucho más que no se ve, es lo que marca la diferencia entre un restaurante u otro. Reducirlo todo al precio, sin saber lo que se ajustan y cuestan las cosas, es un error, en nuestra humilde opinión.

En fin, el 15 de Octubre volvemos a tener en casa a Modesto para que nos muestre todo lo aprehendido, y disfrutar, como siempre, de su mesa. Y ahí estaremos Roger y Juan para dar cuenta de ello.


Un saludo a todas y todos y...salud!


Pd: es el primer artículo a cuatro manos, pero esperemos que no sea el último.

19 de setembre del 2013

Caro Frank...

A finales de julio estuvimos por Sicilia y no podíamos irnos sin visitar la bodega de Frank Cornelissen en Solicchiata, en la vertiente norte del Etna. Para los que somos seguidores de los vinos naturales, Frank es un viticultor y elaborador muy conocido dentro del mundo del vino natural. Sus vinos son un fiel reflejo de la tierra que los ve nacer, las laderas volcánicas del Etna. Esta tierra, con un microclima propio más húmedo que el del resto de la isla, condiciona enormemente la viticultura y sus laboreos. La forma tradicional y más típica de elevar la viña es el alberello, donde la conducción de la planta discurre en vertical ayudada por un poste que hace de tutor y permite que la planta crezca erguida. 
Viñedo en alberello en las laderas del Etna. Foto: Frank Cornelissen
Los rendimientos del alberello empiezan a notarse a partir del quinto o sexto año, hasta ese momento la planta no produce plenamente. Los rendimientos por hectárea son más moderados que aquí, en España, llegando a producirse de 35 a 50 Hl. de media. A priori puede parecer mucho más que en nuestro país, pero el marco de plantación en la isla, y en general en Italia, está entre 4000-6000 cepas por hectárea, lejos de las 3000-3500 de aquí. Así pues, el rendimiento por planta es moderado en conjunto, entre 1-1,5 kgs. aproximadamente. El laboreo en la Azienda de Frank se hace manualmente y con motocultores que permiten remover superficialmente la tierra, manteniendo el equilibrio y la biodiversidad del suelo en todo momento. Por descontado sin ningún tipo de intervención con sistémicos o tratamientos fitosanitarios agresivos que irían en detrimento de este equilibrio.
En la cantina el trabajo sigue el mismo camino, ninguna intervención química y un férreo control del vino para saber en todo momento en qué estado se encuentra. Elaborar vino natural es mucho más que unos principios, es una filosofía de vida. Quien conozca a Laureano Serres en la Terra Alta y sus vinos, sabrá a qué me estoy refiriendo. El caso de Frank es, en esencia, el mismo: el sulfuroso está absolutamente prohibido. Todos los vinos de Frank se elaboran en tinajas de Villarrobledo recubiertas con Epoxy para impermeabilizarlas, así resulta mucho más fácil mantenerlas asépticas.
Después de haber visitado la cantina, Frank escogió algunas muestras y nos volvimos a su casa a probar el resultado de todo este intenso trabajo.  El primero de los vinos que catamos fue el Munjebel Bianco, un coupage de grecanico, carricante y coda di volpe. El nombre de Munjebel o Mongibello, es el que la gente de la isla utiliza desde siempre para referirse a la inmensa montaña que formó el volcán y que ha condicionado, y lo sigue haciendo (última erupción en abril de 2012), la orografía y la agricultura del entorno más próximo. 
La uva se recoge madura ya que ese punto de producción de azúcar más elevado se traduce en un pequeño porcentaje más de alcohol que ayudará, como conservante natural, a preservar mejor el vino.  El Munjebel Bianco se presenta con un color dorado intenso, brillante y una limpidez fabulosa. Destacan en nariz aromas de pera, albaricoque maduro, y un punto medicamentoso que promete bastante. En boca sorprende por su redondez, el alcohol no predomina sobre el conjunto en absoluto. Una entrada franca con una acidez muy correcta y un paso de boca que invita a más.
Seguimos con el Munjebel Rosso, 100% nerello mascalese (uva autóctona), que tenía mucho en común con el estilo del blanco. Visulamente de capa media, con ciertos aromas a ciruela, fresas y otra vez ese punto a medicamento. En boca un  buen ataque y una facilidad enorme para seguir bebiendo. Lo más sorprendente fue cuando Frank nos comentó la graduación, 16,5%, nos quedamos de piedra porque en ningún momento nos habíamos dado cuenta de ello. Esta es una de las señas de los vinos de Frank, el equilibrio.
Para finalizar probamos el Rosso del Contadino, el vino más sencillo y humilde de los que produce Frank. Es, sorprendentemente, un coupage de variedades locales tintas y blancas que siguiendo el mismo estilo y filosofía de la bodega da como resultado un vino de capa media, color rubí muy brillante. Es curioso que este sea el vino más fácil de beber de todos los que probamos, sin desmerecer en absoluto los Munjebel, por supuesto. Es correcto, sencillo y sin artificio.
Después de un rato de conversación sobre la viña, el vino y la situación de los vinos naturales hoy en día en Italia y en España, y unas cuantas risas, nos despedimos de nuestro anfitrión con el que quedamos para una próxima cita pero en casa, en nuestra bodega. Queda pendiente, Frank.

Salute e grazie!

Roger

PS: desde Les Foes mandamos un abrazo muy fuerte para Frank por su hospitalidad. Me dejo muchas cosas más de esta inmejorable visita a la Azienda de Frank, pero es imposible ponerlo todo en un post.

5 de juliol del 2013

Lo más fresco de Marcel Lapierre.

Beaujolais es más conocido por su genérico vino noveau que por el resto de sus crus, cada uno de ellos con AOC propia y que, en algunos casos, están a años luz del vino joven de maceración carbónica que todos conocemos. Este es el caso del vino que hoy nos ocupa, el Morgon 2010 de Marcel Lapierre.
En una reciente cata con Joan d´Anguera, decidimos probar este vino, con unos resultados del todo inesperados. Para bien, claro.
Marcel Lapierre elabora este vino de forma completamente natural, desde el viñedo hasta la bodega, añadiendo sólo a la mitad de la uva un porcentaje bastante reducido de sulfitos. Y, por supuesto, sin filtrar.
Dicen que para contarrestar el exceso de acidez de los vinos de Beaujolais, lo ideal es plantar la viña sobre suelos ácidos, como los que Marcel Lapierre posee en Villié-Morgon.
En fin, fue toda una sorpresa: intenso, ligero, fresco, vibrante...no pasó desapercibido. En nariz predominan la fresa (como la de Aranjuez, pequeña y muy aromática) y las cerezas picotas. En boca es impresionante: equilibrado, con una acidez perfecta, y muy muy fresco. Un vino siempre apetecible y francamente armónico; intenso, sin un ápice de pesadez.
Algunos creen que los vinos de gamay envejecen con dificultad y que son vinos de consumo rápido. De lo primero discrepo y en lo segundo me reafirmo, no por problemas de evolución rápida, sino porque es un vino que vuela en la copa. Con una crianza de 9 meses aproximadamente, en barricas de roble usadas, le queda bastante vida por delante. Todo un lujo, muy apetecible ahora con el calor, a precio popular: 15 €. Es más fácil encontrarlo por internet, que en tienda.

Salud y hasta la próxima.


Roger

19 de juny del 2013

SP68: el curso natural del vino.

Como un río que vadea montañas y valles, la carretera provincial 68, serpentea entre olivos y viñas uniendo Pedalino con la ciudad de Vittoria en el sureste siciliano y, de paso, dando nombre a uno de los vinos más sorprendentes que he tenido el placer de probar últimamente: el SP68. 
A medio camino entre las dos localidades se encuentra la Azienda Agricola Arianna Occhipinti, de donde proceden esta y otras joyas naturales como Il Frappato, Siccagno o el Grotte Alte, entre otros. Por si fuera poco, la artífice de todo este abanico vinícola, Arianna, también elabora aceite. ¿Quién da más?
Aunque he probado Il Frappato y Siccagno (Nero d´Avola), ambos excelentes y a los que dedicaremos futuros posts, hoy quisiera dar cuatro pinceladas sobre el SP68 Nero d'Avola e Frappato.
En primer lugar cabe señalar que Sicilia es, sin duda, uno de los sitios más calurosos del mediterráneo y con una más que contenida pluviometría. Si a esto le añadimos que estamos en la zona más meridional de la isla, el clima se acentúa todavía más. Digo esto porque muchos enólogos, sobre todo en España, esconden el exceso de alcohol de sus vinos tras las horas de sol. Esto no es lo que ocurre con nuestro vino, el SP68 Nero d'Avola e Frappato 2011, con una más que sorprendente graduación del 12,5%. Este coupage de Frappato y Nero está auspiciado bajo el sello de IGT, pero perfectamente podría estarlo bajo el de Cerasuolo di Vittoria, si no fuera por el corsé administrativo de las proporciones.

A simple vista, acostumbrados a las capas altas, la robustez y tanicidad tan difundidas en los últimos años, uno podría pensar que está ante un vino flojo. Nada más lejos de la realidad. Estamos hablando de un vino muy fresco. La viña se asienta sobre un afloramiento calcáreo, lo que explicaría, en parte, su frescura. Delicados aromas a flores, ciruela roja y fresa ácida, entre otros, se funden dando lugar a esta sorprendente joya. A todo esto hay que añadirle una acidez ideal que sostiene todo el conjunto y le aporta elegancia.
En suma, es un vino inusualmente fresco (el mercado del vino está saturado de vinos pesados y cálidos), suave y armónico. Diría fácil de beber, sin que "fácil" suene despectivo, ni mucho menos. Es decir: rápido, volátil, original... una copa invita a la siguiente y esta, a su vez, a la siguiente y la botella se termina casi como por arte de magia. La magia de hacer el vino con las mínimas intervenciones (filosofía hands off) y preservar la naturaleza y genuinidad de su procedencia.

PS: Este mes de julio pasaremos unos días en Sicilia y, si tenemos la oportunidad, nos dejaremos caer por la Azienda para ver in situ cómo trabaja Arianna y poderos contar de primera mano cómo elabora estos vinos tan inspiradores para algunos, como un servidor, que ahora empiezan a elaborar los suyos propios.

En fin, todo se andará.

Salud!

30 de maig del 2013

Lo mejor de Valdespino siempre viene en frasco pequeño.

De camino a Cádiz, hicimos parada y fonda en Jerez y no pudimos pasar por alto esta visita indispensable para todo aquel que ame los vinos del Marco. De una tacada pudimos visitar Marqués del Real Tesoro y A.R. Valdespino, compradas por el Grupo Estévez hace unos años y trasladadas ambas, desde el casco antiguo de la ciudad a las afueras, en unas nuevas dependencias muy bien acondicionadas que el Grupo tiene allí. Un trabajo titánico por su volumen, sin duda.

Esta inmensa bodega es un templo donde concurren, en mi opinión, algunos de los mejores vinos del Marco: el fino Inocente, el amontillado Tio Mateo, el palo cortado VORS Cardenal, y así un largo etcétera. Pero hoy nos centraremos en esta joya de la corona que es el Moscatel Toneles de A.R. Valdespino que adquirimos en la bodega, una fuente paladeable de inmenso placer.
Jamás, y lo digo con todas las letras...j-a-m-á-s he probado un moscatel como este. Un vino extraordinario, se mire por donde se mire. Si no es el mejor moscatel que se ha hecho en el Marco, muy pocos habrá que estén a la misma altura. He catado unos cuantos, muy viejos todos, y nada es comparable a este vinazo asoleao. Un siglo de solera, plus minus, lo avalan.

Mi pregunta durante la cata fue, ¿cómo es posible esta acidez en un vino de casi 100 años? Y, ¿es posible que un moscatel con tanta solera sea tan fresco? Para ambas preguntas una sola respuesta: rotundamente, sí. A simple vista, como se puede apreciar en la foto, parece como si hubiera caído "Betadine" en la copa. Es la densidad de un vino trabajado por el tiempo, que absorbe la sabiduría de las botas en que reposa.
En nariz resulta sorprendente: aromas a cuero mojado, dátiles calientes y escabeche con un punto salino. Pero la boca...no tiene parangón. La acidez y la frescura se entrelazan con las pasas tiernas, la naranja escarchada o el cacao, en una profundidad abismal. En este caso ha sido el vino quien ha esculpido la madera, tan diluida ya por el tiempo. A pesar de su densidad, está a años luz de resultar empalagoso o pesado. ¡Qué gran solera! ¡Qué gran vino! Tengo otros moscateles viejos de la misma bodega y prometo catar y comparar en futuros posts, aunque el listón está muy muy alto. Este vino nada tiene que envidiar a cualquiera de los mejores grand cru del mundo porque está a la misma altura. Un regalo para el paladar. Un recuerdo para siempre.

Tal vez el único handicap de esta joya sea su precio, sobre los 100€ la botella de 37,5 cl. pero una ocasión es una ocasión, y que me quiten lo bailao. Es una lástima que, fuera de Andalucía, en el resto del país, estos vinos generosos no tengan una amplia aceptación. Son vinos que necesitan comprensión, simplemente, y no buscar meras comparaciones con otros vinos que se consumen más a menudo como los tintos. Esta marcada diferencia los hace únicos y distinguidos. Y esto es lo que deberíamos apreciar.

A más ver...y catar.


Salud!

24 de maig del 2013

Aquel día en Getaria...

La entrada del presente post bien podría titularse "Rodaballo: un antes y un después". Esta es la historia de tres amigos, una reserva en el Restaurante Elkano, en Getaria, y una cita ineludible con lo que un servidor cree, el mejor rodaballo a la brasa que jamás haya probado. En fin.

Vista de la bodega Txomín Etxaniz, Getaria.
Llegamos a Getaria por Meaga, cruzando las montañas que separan Zarautz de Getaria. El paisaje era impresionante: el verde inundaba hasta el último rincón donde se quisiera mirar. Hicimos un alto en la bodega Txomin Etxaniz, donde el propietario hizo de cicerone y nos acompañó durante la visita y la cata. El trato fue excelente, la conversación muy amena y el txakoli de la casa, acompañado de las anchoas caseras, estupendo como siempre. Al salir, cruzamos un sinfín de viñedos alzados en pérgola y nos incorporamos a la sinuosa carretera que nos llevaría a Getaria. Llegamos con media hora de antelación y nos dio tiempo para seguir de poteo con el txakoli. Esa acidez tan marcada, acabaría por hacernos entrar un hambre voraz.

Getaria vista desde el Alto de Garate.
A la hora en punto de nuestra mesa nos presentamos allí. Los maestros de ceremonias, la familia Arregi, llevan el timón de Elkano siempre viento en popa. Empezamos con un entrante de boquerón marinado con granada y seguimos con el calamar a la plancha y las gambas blancas de Huelva (esta vez sin la interpretación de Curro), para terminar con el plato estrella del restaurante: el rodaballo a la brasa (una pieza de casi 2 kgs. entre los tres). Luego seguirían los postres: unos quesos del país, con un ideazábal de primera acompañado de membrillo casero y unas torrijas caramelizadas (hechas con el pan que se ve en la foto) con espuma de canela y nueces...inefable.

Como no teníamos prisa alguna por volver pronto, nos tomamos todo con mucha calma y cayeron un par de botellas de vino blanco. Empezamos los entrantes con un Náiades fermentado en barrica, más bien ostentoso y pesado. Este vino gusta bastante, aunque siempre se le apodera demasiado la madera. Y seguimos con una recomendación de Aitor Arregi, un Albariño Do Ferreiro Cepas Vellas, mucho más fresco, dócil y adecuado a una carta tan esmerada como esta. Y ya que estamos, por lo que respecta a la carta de vinos, muy correcta, a pesar de no ser larga, con representaciones más que reseñables de varios países.

En definitiva, una comida fantástica, un servicio muy atento y una compañía inmejorable. Mantelería, cubertería y copas muy correctas. Sobre todas estas cosas cabe reseñar el Rodaballo a la brasa, con esa salsa tan especial que sólo allí te puedes comer. Este fue el centro de atención de tres pobres infelices, que no sabían en realidad qué sabor tenía el rodaballo hasta llegar a aquel templo.
Copa, calma y unas risas coronaron el ágape, un año más. Después de tres años consecutivos visitando Elkano, auguro una cuarta visita, seguro.


Eskerrik asko y salud!


Pd: un abrazo muy fuerte para Charly y Curro. Sin vosotros no hubiera sido lo mismo.

15 de maig del 2013

Cals d´Anguera: otra vuelta de tuerca.


Resulta impresionante ver cómo el esfuerzo de cinco generaciones (desde 1820, ahí es nada!) se perpetúa en estos tiempos tan inciertos. Tiempos de imposturas, también en el vino. Si allá a finales de los ´90, y principios de este siglo, la última generación de Joan d´Anguera, con Joan y Josep al frente, se abría paso decididamente dentro del panorama vinícola nacional (e internacional) con una manifiesta mejora de sus vinos, a día de hoy, sólidamente asentados, han dado otra vuelta de tuerca a sus vinos con unas propuestas sencillamente geniales.
Si bien llegar es complicado, más lo es el mantenerse. Hay que reinventarse o languidecer. Así lo han hecho los Anguera, siempre preocupados por la materia prima: la uva. Después de una cuidadosa planificación y unos años adaptándose a las técnicas, Cellers Joan d´Anguera se ha sumado a aquellos que ven en la agricultura biodinámica y ecológica, una alternativa a la agricultura convencional e industrial. La máxima: más allá del respeto a la planta, está el respeto y cuidado del suelo, fuente absoluta de la biodiversidad.
Como ya hicieron cuando pasaron de una agricultura convencional a una ecológica y biodinámica, sus vinos se han ido transformando, necesariamente, en el producto de ese respeto por la tierra. Han ido adquiriendo más serenidad y más matices, sin perder un ápice de su identidad. La facilidad con que se beben sus vinos los convierte en etéreos, frágiles y rotundos. Transpiran humildad y savoir faire a partes iguales.
Con todo, y después de haber visitado la bodega y catado todas las novedades sólo me resta felicitarles, otro año más. La introducción de depósitos de cemento, fudres y la utilización de barricas viejas propias han matizado más, si cabe, los diferentes vinos. Esta añada traerá consigo alguna novedad como L´Hostal 2012, un regalo para el paladar. La llegada de Altaroses 2011, fue el preludio de este cambio que ahora degustamos. El Finca L´Argatà 2012 junto a La Planella 2013, completarán el cuadro de sensaciones.
Me dejó fascinado cómo ha evolucionado La Planella hasta este 2013. Aquella intensidad se ha mantenido, pero sin la potencia característica de añadas anteriores que, tal vez, lo hacían más "lento" de beber. Una nueva vinificación, reconceptualizada, le ha dado un  nuevo rumbo a este vino. Para bien, claro está. En nariz pólvora a raudales y fresa ácida, aunque todavía quedan aspectos por matizar. El fudre pide una paciencia que el consumidor no tiene. La boca ya está prácticamente ensamblada y este año el tempranillo muy muy viejo tiene un papel especial en todo el conjunto.
El Finca L´Argatà, buque insignia de la casa, ha sido donde más he notado esa necesaria transformación. Toda la concentración presente en años anteriores será suplantada por un abanico de sensaciones mucho más ágiles. En nariz predominan las flores, el escabeche, la ciruela roja y un suave mentolado. En boca es rápido, complejo y redondo. Incisivo por su acidez, pero humilde e incluso primitivo (en sentido ancestral), con un postgusto fantástico. Garnacha en estado puro. Una auténtica revolución en estos momentos. La botella decidirá.

En cuanto a L´Hostal, es un proyecto nuevo de la bodega. De hecho, es ya una realidad. Siguiendo la filosofía de sus compañeros de reparto, esta vieja cariñena es el fruto de un minucioso seguimiento en el viñedo y un respeto hacia lo ancestral en su elaboración. Nada se ha despalillado aquí. Las uvas que no están en perfecto estado se desechan y uvas y raspón van de la mano durante toda la maceración. Esto le aporta un algo especial, una cierta vinosidad, si se quiere llamar así, extraordinario. Aunque ligeramante reducido, con ciertos matices a encurtidos, tiene un paso de boca impresionante, muy trabajado. En la boca explota en un crisol de sabores donde predominan la tapenade negra muy suave y la salsa de soja ligeramente salada. Todo ello en un postgusto para el recuerdo. Una pequeña obra de arte, muy muy joven aún, pero maravillosamente integrada. Si tuviera que compararlo con algún tema para el recuerdo en el que dos artistas aportan lo mejor de sus talentos en un tema común, lo compararía con In a Sentimental Mood, donde Coltrane y Duke Ellington lo dan todo. En fin, dará que hablar. Por si fuera poco, tras terminar la cata y a copa vacía, los aromas que percibimos recordaban al rooibos. Sencillamente genial. Cien por cien terruño.

Sin duda me dejo muchas cosas, pero siempre hay que dejar algo para la próxima.

Salud!


N. del A.: Cals, como reza el título del post, es el apócope de "casa de los", en catalán.

6 de novembre del 2012

Una historia del Piamonte...


Recientemente, en una pequeña cata con un amigo enólogo, tuvimos ocasión de probar dos vinos (que resultarían, a nuestro parecer, ser grandes vinazos) del Piamonte. Esta es, seguramente, una de las regiones que producen mayor cantidad de vinos de alta calidad de toda Italia. 
Siempre que nos reunimos, intentamos empezar la cata con la cantidad mínima de prejuicios posibles, cosa harto complicada puesto que él es enólogo, productor y gran catador de vino, y un servidor también procura estar al día. En fin, con la ilusión de empezar con pocos prejuicios, abrimos la primera botella: Sirí D´Jermu 2009, un Dolcetto de Dogliani (DOCG Dogliani Superiore) de la Azienda Pecchenino. Sencillamente impresionante. Un vino hecho desde el viñedo, sin apenas intervenciones, y con absoluta humildad. Se agradece beber un vino franco y sin el exceso de pretensiones que últimamente se está viendo en una gran parte de vinos (nacionales e internacionales).
A primera vista capa medioalta con el ribete cárdeno distintivo de su juventud. En nariz resultó bastante más evocador: fruta roja recién cortada y pimienta rosa sobre un ligerísimo fondo tostado. Estábamos todavía lejos de lo que más nos sorprendió a ambos: frescura, personalidad y elegancia...el alma que Terry Theise refleja en su manifiesto sobre el vino (suelo, variedad y arte). Redondo, sin un resquicio de aristas por ningún lado, fresco, intenso y ligero a la vez, y con un equilibrio entre acidez, alcohol y madera espectacular. Volátil. Del tipo de vino que terminas la botella sin darte cuenta y no dudas en pedir espontáneamente: otra! En fin, todo un hallazgo por unos 15 €.

Como se observa en la foto la tierra no se trabaja en exceso, a menos que haya que abonar (cada dos o tres años),  y mucho menos se quita la hierba, donde se encuentran los principales depredadores de las plagas que azotan las viñas. La naturaleza es sabia. Filosofía hands off en un vino humilde que, una vez despalillado, macera apenas dos semanas con las pieles para posteriormente criarse durante un año en fudres de roble francés de 2.500 litros. Ahí es nada. La única pena es que no tenga distribución en España, aunque puede comprarse por internet. 

Nuestro segundo invitado a la cata fue un Barbera, otra de las grandes variedades del Piamonte, en concreto un Olim Bauda 2006 (Barbera d´Asti DOCG Superiore Nizza) de la Tenuta Olim Bauda. La cosa también prometía. Este Barbera proviene de un viñedo que está justo al lado de la Azienda y que apenas cubre 3,2 hectáreas de viña. Un vino de pago, vamos.
A la vista: menisco púrpura y capa bastante alta. En nariz ya auguraba bastante más contundencia y temperamento que su predecesor el Dolcetto. Aromas de fruta negra madura (ciruelas pasas y arándanos), toques de pimienta negra y un punto de chocolate negro fino (ese que Lindtt ha sacado con chili y 70% de cacao). Toda esta opulencia se confirma en boca: estructurado, redondo y complejo, que no complicado. Elegante, largo y equilibrado. Una especie de clásico moderno.

Para la elaboración del vino, la bodega siempre utiliza depósitos de acero pequeños, de 3.000 a 5.000 litros, para la fermentación alcohólica y posteriormente barricas de diferentes tamaños para realizar la maloláctica. La DOCG exige que el vino, para que se pueda considerar "Superiore", debe permanecer al menos un año en crianza. Nuestro vino hizo una crianza de 15 meses para posteriormente afinarse en botella un año más, antes de salir al mercado. Lo encontramos al detalle por unos 20 € más o menos.
En resumidas cuentas, un exitazo de cata. Pudimos confrontar dos vinos muy diferentes que resultaron aportar, cada cual a su manera, toda una serie de características y sensaciones extraordinarias. El primero sutil, humilde, volátil...espectacular. El segundo temperamental, elegante y opulento, pero sin exceso de pretensiones. Nosotros, después de debatir un rato, nos quedamos con el Dolcetto por su franqueza y humildad, su fácil acceso, sus aromas, su paladar y su todo! Sin menoscabo alguno del Barbera, gran vino sin duda.
Como podéis ver en la imagen,  el sistema de conducción es en espaldera y la forma elegida el guyot simple o normal (lo que aquí entendemos por pulgar y vara), vastamente extendido en el norte de Italia. En ambos casos, el de nuestros vinos catados, el guyot es la manera en que las respectivas bodegas han considerado que pueden rendir mejor sus viñedos. 
Otra cosa curiosa fue la duda que mantuvimos, en el caso del Dolcetto, sobre si la vinificación se había hecho con raspadura o sin ella. El hecho de vinificar con raspa, en muchos casos, aporta una gran frescura, y el Dolcetto la tenía. Días después, investigando un poco, confirmé que en este caso la uva se despalilla tal y como entra en bodega. Sea como fuere, nos resultó un vino inolvidable.

A más ver...y catar.

Un saludo

Roger

Nota: las fotografías están extraídas de las respectivas webs de las bodegas.